Un poco más…

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Hemos sido llamados a enseñar todo lo que Jesús nos ha mandado. Transmitir las enseñanzas de Jesús es un gran privilegio y responsabilidad. Privilegio porque hablamos de parte de Él, de dar a conocer el mensaje más revolucionario que hombre alguno pudiera escuchar, el más importante en la historia del universo ¡La buena noticia de Jesús! Noticia que ha sido mal interpretada, manoseada y hasta adulterada. Por eso también es una gran responsabilidad, porque aún en medio de nuestra fragilidad y vulnerabilidad, hablar de parte de ÉL implica que daremos cuenta por todo lo que decimos. Ser maestro de Jesús demanda un estilo de vida coherente con SUS enseñanzas, que revisemos nuestra motivación para enseñar. Lo hacemos para que más personas lo conozcan y honren Su nombre. Cualquier otra motivación como realización personal, protagonismo, reconocimiento o bienestar, no resultará en bendición para los demás, sino que por el contrario se convertirá en un obstáculo para el avance del evangelio  ¡Se necesitan maestros maduros! Entendiendo que la madurez se ve reflejada en el uso adecuado y controlado del hablar. La manera de enseñar y de expresarnos, es un reflejo del corazón.